martes, 9 de noviembre de 2010

Otros castigos

La muerte del represor Emilio Massera disparó un sinfín de reacciones, desde auténticas muestras de alegría hasta indisumulados panegíricos laudatorios por parte de la derecha informacional, encabezados por los diarios La Nación (http://bit.ly/bB2J1o) y La Nueva Provincia (http://bit.ly/9IHtrq). Pero hubo también quienes, más racionalmente, reclamaron “prudencia” a los festejantes, no porque la muerte del asesino de la ESMA,  uno de los personajes más deplorables de nuestra historia, mereciera nuestra consideración, sino porque con ella venció a la Justicia, que lo persiguió como pudo y hasta donde pudo.
Es cierto, uno de los mayores carniceros de la última dictadura militar se fue de esta tierra libre, excusado de sentarse frente a un tribunal por su delicado estado de salud.
Ahora bien, conociendo la triste historia de la justicia vernácula, podría pensarse en otros castigos, que tanto Massera como otros asesinos vienen recibiendo en los últimos años.
Tras el “veranito” de los ’90, que terminó de derrumbar lo construido en los primeros años del retorno democrático, en los últimos años los represores comenzaron a ser perseguidos por la justicia y el tema volvió a instalarse en la sociedad, a pesar de las quejas de aquellos a quienes les molestaba que se “revuelva” el pasado.
Y ese es, seguramente, el mayor castigo para los represores: que gran parte de la sociedad los repudie, a pesar de que ellos creen ser los “salvadores de la patria”. La peor pesadilla de los Videla, los Massera, los Etchecolatz y los Von Wernich es saber que la historia guarda para ellos las peores páginas y que su derrota llegó con los años.
Quizás se podría agregar, entre las derrotas de Massera, que siendo él amo y señor de la ESMA y arquitecto de la apropiación de bebés, tuvo que presenciar las más de 100 recuperaciones llevadas adelante por las Abuelas de Plaza de Mayo. O el florecimiento de un perfil de nación que él creyó eliminar para siempre con su reino de terror.
Tal vez sea consuelo de tontos, pero es agradable saber que uno de los represores más feroces de la última dictadura, pudo vivir para verlo.

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